Evita que tu familia tenga que gestionar trámites y gastos en un momento difícil.
El seguro de decesos cubre la prestación del servicio funerario cuando se produce el fallecimiento del asegurado, y se encarga de la gestión de los trámites administrativos derivados, liberando a la familia de una carga tanto económica como logística en un momento especialmente difícil.
La cobertura básica suele incluir el féretro, el acondicionamiento del cuerpo, el servicio de tanatorio y velatorio, el coche fúnebre, la ceremonia (religiosa o civil) y la inhumación o incineración, así como las flores y esquelas habituales.
Los servicios incluidos dependen de cada póliza: hay que comprobarlos en el condicionado.
A menudo se confunden, pero cumplen funciones diferentes: el seguro de decesos presta un servicio (organiza y paga el funeral, gestiona los trámites), mientras que el seguro de vida abona un capital económico a los beneficiarios que estos pueden destinar a lo que consideren —incluyendo, si quieren, los gastos del sepelio.
Son productos complementarios, no excluyentes: es habitual que una persona tenga ambas coberturas a la vez, cada una con una finalidad diferente.
El capital asegurado suele depender de la localidad y el tipo de servicio elegido, ya que el coste de un sepelio varía mucho según la población. Es importante revisar si la póliza actualiza este capital con el tiempo, para que no quede desfasado respecto al coste real del servicio el día que haga falta utilizarla.
Como en otros seguros, puede haber exclusiones iniciales. Por ejemplo, si no se ha pactado otra cosa, el riesgo de suicidio queda cubierto solo a partir del primer año desde la celebración del contrato (art. 93 de la Ley 50/1980).
Comparo el capital asegurado real (no solo la cuota mensual), las condiciones de actualización y los servicios incluidos, para comprobar que el capital se ajusta al coste real del servicio en tu zona.
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